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Gert Botha
Swakopmund/Namibia

Una carta de Namibia

Gert Botha nos escribe desde Namibia: „Vivimos en un pueblo pequeño (con sólo 1500 habitan- tes); ubicado en la costa sudoeste de Africa. Swakopmund se encuentra en medio del desierto de Namib, que es considerado uno de los desiertos más antiguos del mundo. En un radio de 70 kilómetros hay tres cauces de río resecados. En otras palabras: estos ríos (el Kuiseb, Swakop y Omaruru), tienen agua
(en la superficie) una vez al año, cuando mucho. Además pasan varios años seguidos en que los ríos están secos. La cuenca de captación está a varios cientos de kilómetros de distancia, a saber, en el altiplano central de Namibia (Altiplano de Khomas). En su recorrido hacia el mar, el agua pasa por terrenos altamente mineralizados (yacimientos de cobre, plomo, cinc, mineral de tantalio, estaño, tungsteno e incluso sal y yeso). Una vez que pasa por las zonas descritas, el agua desaparece, pasando al subsuelo, a través de la arena.
En los deltas prehistóricos de los ríos Kuiseb y Omaruru se bombea el agua llevándola hacia las ciudades para su consumo. Debido a su
,historial‘, el agua es muy dura y contiene una gran cantidad de sales disueltas. Por lo tanto, su sabor es más bien desagradable y sólo pocas personas la beben (¡gracias a Dios tenemos una cerveza excelente!). Desde la implantación de la tecnología de Grander, hace algunas semanas, las ,nuevas‘ características del agua nos han hecho caer en un verdadero vértigo de alegría: Por primera vez, el champú hace espuma (¡qué locura!) y el pelo ya no es como pasto seco al tacto, el sarro desaparece paulatinamente. Y lo mejor de todo: ¡Se puede volver a beber el agua! Este sólo hecho es de gran importancia, puesto que nos dimos cuenta que todos habíamos sufrido los síntomas clásicos de la deshidratación (estreñimiento, ojos secos y con ardor, narices obstruidas, piel seca, molestias en el conducto digestivo, etc.). De repente no se puede beber suficiente agua. Además, por extraño que parezca, mientras más se bebe, más se quiere beber. Hasta altas horas de la noche, nuestros equipos de trabajo tuvieron que atender los contenedores de agua. La ciudad estaba agitada. En el caso de Swakopmund, les puedo asegurar: estamos ¡tremendamente agradecidos! de poder disponer de esta tecnología revolucionaria.“

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